| Historia
Anegadas sus tierras por la presa de Almendra,este hecho causó un éxodo del que no se ha recuperado.
No existen documentos ni hallazgos significativos que sitúen el origen de esta población,a mitad de camino entre Ledesma y Las Arribes,con anterioridad a la primera repoblación con foramontanos llevada a cabo en tierras de Ledesma en el Siglo X,aunque es de sobra conocida la presencia en esta zona de las culturas romanas y mozárabe.
Quizá sea de los primeros de donde surge el nombre de Sardón,palabra que deriva de "exarritare" y que denomina a un lugar de matorral rodeado de pequeñas encinas,más conocidas como carrascos, nombre al que se añadiría siglos más tarde en el XIV-tras la donación de estas tierras al convento Dominico de San Esteban,el sufijo de los Frailes.
De los primeros siglos tras el asentamiento de sus repobladores resulta su iglesia en advocación a San Pedro,Patrón desde el Siglo XII y que con el tiempo perdió protagonismo por la coincidencia de su onomástica con las labores agrícolas,principal recurso de sus habitantes hasta hace unos treinta años.
Un protagonismo que recayó,a medida que avanzaron los años,en la Virgen del Rosario,imagen a la que se ofrecían los frutos tras las recolección de las cosechas. Dentro de este apartado religioso,en el siglo XVIII y como consecuencia de una gran epidemia que se llevó a la mayoría de las criaturas,en el que un siglo más tarde aparece como anejo la hoy finca del Villarejo,surge la figura a Santa Ana,que supuestamente evitó la muerte de uno de los hijos de una familia logrando la veneración de sus vecinos.
La gracia de Santa Ana estuvo siempre presente entre sus vecinos,pues según estos testimonios de viva voz trasladados de generación en generación, mantienen que el toque de la campana de su ermita evitaba el pedrisco en las tormentas de verano;es más,aseguran que una vez llegada la tormenta a su término las nubes cesaban de lanzar la granizada sobre sus cosechas.
Durante años en Sardón reinó la tranquilidad,el trabajo en el campo no daba lugar a más tiempo que a estar pendientes de la labor y poder así hacer frente a la renta de sus tierras que debían pagar a la iglesia,la llegada de la desamortización a principios del Siglo XIX,con la retirada de las tierras al clero,supuso que a finales de ese siglo su población alcanzase sus más altas cotas,una situación que se mantuvo hasta la década de los 50 y que años antes motivaría la reconversión de la ermita de Santa Ana en escuela,cerrada hace 30 años.
Pero ese transcurrir de un siglo casi en la monotonía se vio alterado en 1958 cuando una empresa hidroeléctrica decidió ubicar un gran embalse.
El pago de 17 millones de pesetas a sus propietarios dio licencia para anegar 1.500 hectáreas de sus tierras que quedaron bajo las aguas de este enorme pantano,y con ello las ilusiones y los planes que muchos de sus padres tenían para sus hijos.
La mayoría de los jóvenes se vieron obligados a abandonar el pueblo en busca de mayor fortuna en ciudades del norte, Cataluña o Madrid fueron sus principales destinos. Este éxodo marco un antes y un después en la vida del pueblo.El fuerte auge de la ganadería a últimos de los 70 motiva un cambio radical y el ovino y el vacuno abren un nuevo camino,un horizonte que encuentra en la división de sus campos -hace cuatro años- la mejora de la calidad de vida.
En la actualidad son ocho las explotaciones que aguantan la competitividad del sector,una presión que se ve influenciada por las altas rentas y unas políticas que favorecen poco el asentamiento de jóvenes.
El auge que en los últimos años experimenta el turismo de interior convierte a este pueblo en una alternativa creíble para sus habitantes.
Las posibilidades deportivas del embalse dará pie en el futuro a la creación de instalaciones deportivas relacionadas con el agua,embarcaderos fluviales,playas y lugares de recreo;un proyecto en la mente de la Corporación y que ha encontrado el respaldo de un estudio para los pueblos afectados por esta presa.
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